El Mercurio
Más allá de la anécdota

Tras revelarse las desproporcionadas exigencias ambientales impuestas al nuevo Instituto Nacional del Cáncer en Independencia—como la creación de corredores biológicos para insectos y arañas—quedaron en evidencia las deficiencias de nuestro sistema de evaluación ambiental.
Sin embargo, no es la primera vez que las observaciones por parte de organismos con competencia ambiental generan retrasos en proyectos hospitalarios. Un ejemplo de ello es el Instituto Nacional de Neurología en la comuna de Providencia. Para su aprobación, el titular debe considerar la plantación de especies nativas mediante técnicas japonesas (Miyawaki), realizar una caracterización arqueológica y presentar estudios para justificar que no se afectará a la asociación indígena “Manos”, con origen ancestral en la zona.
Una suerte similar enfrenta la construcción del Hospital de Rengo, que se emplazará en un sitio eriazo dentro del límite urbano de la ciudad. Esta vez el Servicio Agrícola Ganadero solicitó rehacer el estudio de impacto sobre fauna de baja movilidad—como reptiles, anfibios y roedores— en primavera, época propicia para tener más avistamientos. El mismo organismo realizó observaciones similares al Hospital de Melipilla, pidiendo capturar y relocalizar a las lagartijas que vivían en donde antes operaba la fábrica de calzado Bata.
Más allá de la anécdota, estos casos reflejan la necesidad de avanzar hacia un sistema de evaluación ambiental en el que se pondere razonablemente los intereses en juego, identificando y distinguiendo tempranamente aquellos riesgos que valen la pena ser mitigados de aquellos cuya mitigación solo implica costos, y no un beneficio sustantivo para la ciudadanía.