Señor Director:

Su editorial el lunes observa correctamente las dificultades que enfrentaría una eventual empresa nacional del litio en términos de organización productiva, tecnología y conocimientos comerciales.

Con todo, en Pivotes no nos oponemos a su creación en tanto se respete el principio de neutralidad competitiva. Lo realmente importante es que en paralelo, no en vez, nos liberemos de la absurda camisa de fuerza que nos calzamos en 1979 al declarar el litio como no concesible. Es una condición tan excepcional como injustificada, que solo comparte el torio y el uranio, y que no existe en ningún otro distrito minero del mundo. Son decenas los salares con potencial y hasta el más optimista respecto a las capacidades del Estado reconoce que le sería completamente imposible abordarlos todos, y que en simultáneo podríamos recaudar cientos de millones de dólares en impuestos.

Se ha esbozado que la participación de privada podría adoptar la forma de socios minoritarios de Codelco, Enami o la hipotética empresa nacional del litio. Si ese fuera el único camino, derrocharíamos el talento y know how de muchas empresas que preferirán a ojos cerrados las concesiones que ofrecen países como Australia y Argentina antes que una engorrosa alianza con el Estado chileno.