Lo público no es monopolio del Estado. Columna de Paula Streeter


Créditos: La Tercera

El debate de la Convención entra en la recta final. Gran parte de las materias han pasado ya por el cedazo del Pleno y podemos a grandes rasgos empezar a visualizar cómo se está configurando la nueva Carta Fundamental que la Convención le ofrecerá a los ciudadanos y cuál es el rol que cada uno jugará en ella.

Lo aprobado o discutido esta semana en salud, pensiones y educación, anticipan un sello en la relevante cuestión de cómo se satisfacen los derechos sociales, que debería levantar ciertas alarmas. Se está consolidando en el texto constitucional una exclusividad o preferencia estatal, y una exclusión o limitación de la sociedad civil y el emprendimiento en su provisión. En efecto, el debate ha dejado maltrecho el rol que la sociedad civil y cada uno de nosotros juega en la construcción de lo público, en cuyo centro está una base común de derechos sociales. Se instala la visión de que solo el Estado puede proveer y cuidar de los bienes públicos. Si bien no hay duda alguna que el Estado es quien ejerce el rol garante y fiscalizador, que entrega marcos y certezas jurídicas, somos todos nosotros -empresa y sociedad civil- quienes emprendemos, innovamos, movilizamos ideas y construimos lo público.

Las sociedades contemporáneas enfrentan hoy problemas cada vez más complejos, y, como vemos, Chile no está ajeno a ello. Los desafíos requieren del trabajo coordinado y de la colaboración entre diversos actores, donde la alianza entre el Estado, el mercado y la sociedad civil es fundamental. Es relevante plantearse también cómo incluir las capacidades públicas y privadas para la solución de estos dilemas. Es imperioso proveer de una gobernanza de calidad, que puede contribuir a no solo incluir la visión de diversos actores, sino que también permita dotarla de mayor realidad, conexión territorial y, finalmente, legitimidad a las políticas públicas.

Es importante recordar que lo público no es monopolio del Estado, sino que nos pertenece a todos. Ya Aristóteles señalaba que el hombre en su naturaleza es social, y al agruparse y asociarse en pos de asegurar la libertad, la economía y gobernarse da origen a la sociedad, a la polis. La sociedad civil es anterior al Estado y su interés por lo público le antecede. En el siglo XIX, Tocqueville planteaba que el Estado no es capaz de abordar todos los asuntos de los ciudadanos y que estos deben involucrarse en la búsqueda de soluciones y en la construcción de lo público.

El ser humano es por naturaleza un animal político y social, y la política se ocupa del bien de la sociedad. Si bien los conceptos han cambiado desde el tiempo de Aristóteles, hoy se hacen relevantes para mirar el debate constitucional y reflexionar cómo la nueva Constitución nos permitirá, como ciudadanos libres y diversos, alcanzar nuestra naturaleza aportando al bien público; y a su vez cómo permitirá dar respuestas múltiples y diversas a los grandes desafíos que enfrentamos, y que no admiten una única respuesta.

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